Todos tenemos más o menos claro que es lo mejor de ser padre. Lo que no está tan claro es eso de lo peor. Algunos dirán que el perder la intimidad, otros el no volver a ver la casa ordenada, muchos dirán el complejo taxista que se les queda. También están los que dicen que el dormir con un ojo abierto, o el dormir directamente con los dos ojos abiertos. Todo eso es más o menos cierto, pero para mí, lo peor, es la SINCERIDAD.
¿La sinceridad? Claro está que no me refiero a la sinceridad positiva, por ejemplo cuando aparecen en la misma habitación un espejo roto, una pelota y ningún niño. Se pregunta al aire -¿Quién ha sido?- Y una vocecilla dice -Yooo- Esto es sinceridad positiva con mala puntería.
Yo me refiero a la SINCERIDAD, esa que nos da miedo a todos los adultos. Es el espejo que nos muestra nuestro reflejo más real y al que no podemos engañar metiendo tripa o poniendo el lado bueno. La SINCERIDAD no miente, no descansa y es CRUEL.
Ejemplo 1:
Vamos en el coche todos, es un día normal. Se pincha una rueda, deja de ser un día normal. Paro, estoy tranquilo (soy el macho alpha y no tengo rivales jóvenes cerca que me disputen mi momento de gloria varonil). Llamo a la grúa, no porque lo necesite, si no para tranquilizar a la familia, nunca viene de más un poco de ayuda.
El sitio donde he parado no es malo, hay mucho arcén y buena visibilidad, se baja todo el mundo y procedo al cambio.
En un momento dado aparecen dos niñas jugando al fútbol (encima son dos de mis niñas), yo alucino, echo la correspondiente bronca, requiso la correspondiente pelota y lanzo la típica amenaza. Vuelvo a la rueda.
Al final, sin grandes contratiempos, termino de cambiar la rueda. Me siento orgulloso, me giro para ver sus miradas de admiración ¿Y qué me encuentro? Un grupo de mujeres que me miran con preocupación.
-¿Qué pasa?-Les pregunto extrañado, según iba cambiando la rueda les iba explicando lo que hacía y parecían convencidas.
Nadie contesta, tampoco nadie se mete en el coche.
-¿Por qué no os metéis? Todo está bien, ha sido muy sencillo.
Miro a mi mujer buscando su apoyo. No veo su apoyo, lo que veo es como le da un empujón a la mediana, esta se adelanta y me dice sin anestesia.
-Lo que pasa es que no nos fiamos de ti, es la primera rueda que cambias, y todas preferimos que venga el de la grúa y que la cambie él.
Yo alucino, no entiendo que he hecho mal. Miro a mis mujeres, miro la rueda perfectamente colocada, vuelvo a mirar a mis mujeres y señalo la rueda, todos esto sin decir ni 'mu'. Como salvado por la campana, aparece la grúa, se baja el mecánico y le digo la verdad, le pido que verifque mi trabajo, y que hasta que no lo haga, mi tripulación amotinada no se va a subir al coche. El buen hombre me mira, sonríe, coge la llave, y empieza a apretar tuercas. Al minutos dice en voz alta:
-¡Todo perfecto! No hay ningún problema, ya pueden subir.
Miro con dolor a mi familia, van subiendo poco a poco, me dirigen sus ojos llenos de orgullo, pero llegan un poco tarde.
Cruzo la mirada con el de la grúa en un intento de buscar su apoyo moral. El sólo me da un papel a firmar mientras encoje los hombros.
Ejemplo 2:
Estoy ordenando el armario, voy colocando la ropa encima de la cama y la voy clasificando. En esto aparece la mayor, se para ante un montón de ropa y mientras lo señala me pregunta:
-¿Esto qué es?
-Pues el montón de la ropa de deporte.
-¿Y para qué lo tienes?
-¿Para hacer deporte?
-¿Tú?
-Si yo.
Antes de que la diga algo más, se marcha riéndose, no por lo 'bajini' si no a pleno pulmón.
Al rato aparece mi mujer, yo sigo con mi ropa y mis mismos montones, eso si, con un poco menos de convicción y de motivación.
-¿Esto qué es?- Me dice mientras me señala el montón de la ropa de deporte.
-¿De verdad? Es la ropa de deporte...
-¿Y para qué lo quieres?
La miro, cojo el montón de la ropa de deporte y lo tiro al fondo del armario. Ya lo ordenaré cuando me quede solo en casa. Así no hay quien pueda.
Ejemplo 3:
Viaje de vuelta a casa, mi mujer leyendo, la pequeña y la mayor roncando a pleno pulmón, La mediana, que no se duerme ni queriendo, está dibujando. En un momento dado me pasa un papel y me dice -Mira papá el dibujo que acabo de hacer-. Cojo el dibujo, veo que es un hombre musculoso al lado de una mujer y los dos rodeados de corazones.
-¡Qué bonito! ¡Qué bien he salido!
-¿Pero qué dices? ¡Si es el tío! Me he puesto a dibujarte, me ha salido muy cachas y me he dicho que no podías ser tú. A lo mejor si me hubiese salido con tripa...
Ejemplo 4:
Otro día, los mismos en el mismo coche, estamos casi todos despiertos. Ya no me acuerdo del motivo, pero me acuerdo que estaba aleccionando a la mediana, con el consiguiente riesgo para mi salud:-Mira guapa, las cosas hay que decirlas a la cara, así la gente puede corregirse y aprender.
-¿Cómo cuando tú nos dices algo que ha hecho mal mamá y no está ella delante?
La miro por el retrovisor, me devuelve la mirada, se sabe ganadora e intocable en ese momento.
Miro por mi ventanilla, calculo lo que me puede pasar si me tiro del coche en marcha, lo descarto y decido afrontar las cosas como un hombre de verdad.
-Cariño, no la hagas caso, ya sabes que es una liante- le digo a mi querida esposa mientras le pongo carita de pena.
-Papá no te sale la carita de dar pena. No tienes ni idea- me dice la lianta. La miro y encima la descarada me pone la dichosa carita, y para colmo, le sale de órdago.
