Tres hijas y una esposa, esto hace cuatro mujeres. Cuatro
mujeres con sus correspondientes pelos largos. Estos pelos, en muchos casos
necesitan gomas y horquillas para ser sujetados. Eso hacen muchas gomas y
muchas horquillas ¿Veis por dónde voy? ¿Sabéis la de cepillos que hay en mi
casa? Por supuesto, todas las niñas tienes cepillos anti-tirones, ya hemos
probado unas cuantas marcas y modelos. Tiene su complejidad ese mundillo.
¿Sabéis qué cuando cambia el tiempo el pelo se cae? ¿Sabéis
lo que es un cambio de estación en mi casa?
Tengo gomas del pelo en la palanca de las marchas del coche.
Casi siempre tengo una goma en una muñeca, me las quito cuando mis compañeros
me miran más las manos que la cara. En cada habitación de mi casa hay por lo
menos una goma en el suelo, como las colillas de cigarrillo en las viñetas de
Mortadelo y Filemón.
Y no quiero hablar de cuando tengo que desatascar algún desagüe.
El otro día había un ewok en
el lavabo y la semana pasada me encontré atascado en la ducha a Chewbacca.
Cuando saco la ropa de la lavadora, siempre cae una bola de
pelo y se pone rodar por el suelo como un estepicursor de una
película del oeste.
Eso sí, tanto pelo largo tiene sus ventajas, el cepillado
del pelo me permite pasar tiempo con mis hijas, con mi mujer no tanto, dice que
no se fía de mis dotes como peluquero, no entiendo el motivo.
El otro día, la mayor me pidió ayuda, quería que la
cepillase el pelo, yo fui raudo y veloz, con una sonrisa en la cara. Lo digo en
serio. Me puse cepillo a la obra, esto siempre me permite hablar a solas con
las niñas:
—Oye cariño, ahora que
no nos escucha la mediana, el próximo día limpia tú el cuarto de baño. La
mediana no lo ha dejado muy fino que se diga— le digo a la mayor mientras
escruto con la mirada el lavabo, las niñas ya me ayudan con la casa, la mayor
siempre se encarga del cuarto de baño, pero el último día lo hizo la mediana, decía
que estaba cansada de la cocina.
—¡Es la primera vez que
lo hago, tendré que aprender!— Me dice la mediana desde su habitación,
tenía la puerta cerrada…
—Madre mía que oído
tiene, alucinante, además está con el iPad. Menudo cuidado tengo que tener— digo
mucho más bajo a la mayor.
—¡Somos mujeres,
tenemos buen oído!— Me vuelve a decir la mediana, sigue en su habitación,
con el iPad y con la puerta cerrada.
—Además podemos hacer
dos cosas a la vez— me dice la mayor. Paro de cepillarla, miro su reflejo
en el espejo. Su sonrisa pícara me desafía, sus grandes ojos marrones me dicen
que no me lo va a poner fácil.
—¿Tú sabes qué esos
son tonterías? Los hombres podemos hacer 2 cosas a la vez, igual que las
mujeres.
—No es cierto, los
niños no pueden escribir y atender a la vez en clase, las niñas sí. Somos
mejores en todo.
—¿Qué decías? Perdóname
que estaba cepillándote el pelo.
Me da un codazo, flojo pero un codazo. A modo de
advertencia.
—¡Era broma! Cariño,
eso no es así. Los hombres y las mujeres somos iguales. En alguna cosa, alguno
puede tener alguna ventaja. Si piensas, seguro que ves algo en lo que los
hombres destacamos un poco más.
Se hace el silencio, la miro mientras veo que se pone a
devanarse la cabeza. Pasa un bueno rato…
—Pues no caigo, de verdad,
iba a decir que el conducir, pero casi todas las mujeres conducen mejor que tú—
me dice con toda sinceridad.
—Hacéis pis por la
cola— dice la mediana. Sigue con el iPad, con la puerta cerrada y en su
habitación.
La mayor se parte de risa, yo también me rio, por lo bajo.
Mi mujer que está en el salón, con la puerta cerrada y leyendo, también se ríe,
pero ellas a carcajadas.
—Hacer pis de píe sólo
tiene ventajas— termina por rematar la mediana. No la digo nada, tiene toda
la razón.

