En casa no se ve el fútbol, no por nada en especial, no nos va mucho. Vemos algún partido de la selección.Mi mujer y yo somos del Madrid (pero como si no lo fuésemos), la mayor también es del Real Madrid (y como si no lo fuera) y la pequeña es Libra.
Cosas de la vida, la mediana nos has salido del Atlético y dice que le gusta el fútbol, se sabe el nombre de algunos jugadores, de estadios e incluso tiene un álbum de cromos de la liga.
Un día normal y corriente estaba yo con mis quehaceres hogareños y veo correteando a las niñas de una habitación a otra con un discusión un tanto peculiar:
—¿Pero tú de qué equipo eres?— le preguntaba la de 6 a la de 4.
—Pues soy del de Pepa Pig.
—Eso no es un equipo.
—Pues no sé.
—Tienes que ser del Atlético, como yo— No lo vi, pero me imaginaba a la pequeña mirando con ojos de alucine a su hermana mediana.
En un momento la de 9 (recién cumplidos) sale de su habitación y se va donde están sus hermanas para sembrar un poco:
—Tú tienes que ser del Madrid, como papá, mamá y yo.
—¡Vale! Soy del "Ral Madriz"—. Contesta la pequeña.
—¡Pero y ahora que le digo a la tía! ¡Si la dije que eras del Atlético! ¡Como haces esto! El abuelo, la tía, el otro abuelo. Todos del Atlético.
—"Ral Madriz"—. Vuelve a responder la pequeñaja. Me la imagino alucinando con los aspavientos de su hermana y con el poder que tenían esas dos palabras sobre el comportamiento de su hermana.
La mayor vuelve a su cuarto, ya ha conseguido lo que quería.
—¡Menudo disgusto vas a dar a la tía! Del Real Madrid.
Parecerá una tontería, pero esto es un resumen muy resumen de la discusión de más de media hora de proselitismo a favor del club colchonero, de perseguir la mediana a la pequeña de un lado para otro.
Al final casi me cambio yo de equipo y todo.





