Hoy es fiesta, me puedo echar una siesta de esas de pijama y
orinal. Mi mujer está en el salón viendo la televisión, las niñas jugando en su
cuarto. Están tranquilas, sólo me he tenido que levantarme 3 veces para
recordarlas que me voy a echar un "ratito".
Poco a poco me dejo vencer por el sueño y la tranquilidad.
No me cuesta nada llegar al sueño profundo.
—Papaaaaaaaaaaa, papaaaaaaaaaaaaaaaa,
papaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa.
Una vocecilla que estando despierto me parece dulce me saca
de mi "ratito" de sueño. Es la pequeña, la que tiene 4 años.
—Quééééé—. La contesto sin abrir los ojos. A ver si se da
por aludida.
—Mis hermanas no me dejan el Ipad.
No contesto, sigo con los ojos cerrados. Antes no se ha dado
por aludida.
—Papaaaaaaaaaaa, papaaaaaaaaaaaaaaaa.
—Quééééé—. No se va aludir, pero yo no abro los ojos.
—Que quiero el Ipad.
—Lo tienen tus hermanas, les toca a ellas, ahora déjame
dormir—. Dicho esto me doy la vuelta como punto y final.
Escucho sus pasitos que salen de la habitación. Con suerte
me cuesta 3 segundos volverme a dormir. 1, 2, ...
—Papaaaaaaaaaaa, papaaaaaaaaaaaaaaaa,
papaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa.
—Quééééé—. Abro un ojo, el otro lo tengo tapado por la almohada,
así solo estoy la mitad de despierto.
—Que quiero merendar.
—Es pronto, cuando me levante te la preparo— no miro el
reloj, no me hace falta para saber que no toca la merienda, aún no he escuchado
los golpes, peleas y risas de rigor que marcan la hora de despertarme.
—Vale— y se va dejando el sonido de sus pisadas.
Lo vuelvo a intentar. 1, 2, ...
—Papaaaaaaaaaaa.
—¿Qué pasa ahora?
—Mis hermanas están patinando en la terraza. ¿Las dejas?
—No.
—¿Las castigas?
—Depende.
—Vale—. Se marcha de la habitación dejándome con una
sensación como de que me están choteando. Sigo el ruido de sus pasos hasta la
habitación de al lado.
Lo vuelvo a intentar. 1, 2, 3, ya se ve que me va a costar
más dormir, 4 y ...
—Papaaaaaaaaaaa, papaaaaaaaaaaaaaaaa,
papaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa.
—¿Pero qué quieres?
—Te llama mamá.
Me levanto extrañado, la niña me precede. Llego al salón y
me encuentro a mi mujer intentado ver la televisión.
—¿Qué quieres cariño?
—Yo nada ¿No te ibas a echar la siesta?
—Sí, eso pensaba yo—. Miro a la niña. Me devuelve la mirada
con una sonrisa de propina y se sienta al lado de su madre.
Me vuelvo a la cama, mejor no enfadarse. 1, 2, 3, 4, 5, 6,
que esto se lía y no me voy a dormir, 7, 8, ...
—Papaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa.
—¿Y AHORA QUÉ?
—Te vuelve a llamar a mamá— mi cerebro pone el “vuelve”
entre comillas automáticamente.
—No mientas, déjame dormir un "ratito".
—Ahora es de verdad. Te llama—. Me ha dicho esto mirándome a
los ojos. Sin sonreír. No puede ser mentira.
—Ya voy— me levanto otra vez. Intento no abrir mucho los
ojos, a más luz, más despierto. Me vuelve a preceder la niña, la tengo cerca, a
"tiro". Asomo la cabeza por la puerta del salón y miro a mi mujer, no
me da tiempo a abrir la boca, me mira con cara de interrogación. Busco a la
pequeña para ver si la sigo teniendo a "tiro", pero ni rastro, ahora
no ha hecho ruido al andar.
Vuelvo a la cama. Por mis narices que yo hoy duermo la
siesta. Cierro los ojos, tengo miedo de escuchar esos pasitos inocentes.
Noto algo, abro los ojos. Está ahí. No ha hecho ruido, antes
de que abra la boca le digo:
—Ya te preparo la merienda, has ganado.
Ve mirando lo de los internados... A la de 4 le vendría genial, jijijiji
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