viernes, 26 de febrero de 2016

¿Puedo decir palabrotas?



Una tarde tranquila en el coche, muy tranquila, mi mujer mirando por la ventanilla, con la mirada perdida en el horizonte (un día duro de trabajo). La mayor dormida en el asiento del medio, ya ha conseguido “imponer” la paz a las 2 pequeñas. La mediana está sentada detrás de mi mujer, también tiene la mirada perdida, está abrazada a una muñeca (cosa rara), está pensando en sus cosas (peligro). La pequeña está con un pequeño cuaderno, está escribiendo ¿Peligro?
En un momento dado, mi mujer me empieza a comentar unas cosas que le ha comprado su madre. Parece que nadie nos está haciendo caso, hasta que…

—La abuela está en todos los detalles— dice la mayor aún con los ojos cerrados. Mi mujer y yo nos miramos, esa mirada lo dice todo.

—Es verdad, ahora la llamamos y se lo dices, que seguro que le gustará escucharlo de ti— le digo.

Dicho y hecho, le paso el móvil a mi mujer y marca. Se pone la mayor y están un rato hablando.

—Yo también quiero hablar con la abuela —no grita, pero ametralla los oídos.— Yo también quiero hablar con la abuelitaaaa.

—Anda guapa, pásale el teléfono a tu hermana, que nos va a dejar sordos— digo en un intento de no perder más oído.

—¡Hola abuelita! ¿Te puedo decir una palabrota?

Silencio en el coche…

—Abuelita ¿No quieres que te diga una palabrota?

Más silencio en el coche, cruce de miradas entre esposo y esposa, mayor y mediana, padre y mayor, mediana y padre, esposa y esposo y por fin, padre y palabrotera.

—Vale, pues te la digo ¡JODER!

Aún más silencio en el coche, nadie se ríe. Pero los 4 “no palabroteros” tenemos una sonrisa en la boca. No hay que reírse que si no es peor.

—¡Que te quiero mucho abuelita! ¡¡JODER!!

—Anda guapa, pásale el teléfono a tu otra hermana, que aún no ha hablado con la abuela— si la distraigo a lo mejor se olvida.

—Vale, joder— pues va a ser que no.

La mediana se pone al teléfono con la abuela, la mayor vuelve a cerrar los ojos, la pequeña se pone a escribir mientras dice por lo bajo.

J O D E R R R

Mi mujer y yo, ya hemos pasado por esto 2 veces, es una fase normal, toca “relaxing cup of café con leche in Plaza Mayor” o donde sea.

—¿Qué tal el día? Ya veo que mucho trabajo ¿No?— Empiezo una conversación, por eso de poner palabras de por medio.

—J O O O D E R— suena por detrás

—Pues sí, mucho lío

—Jo jo jo jo derrrrrrr— está probando con distintas entonaciones.

—Ánimo guapa, que ya queda menos para el fin de semana— le digo a mi mujer, estamos los dos conteniendo la risa.

Miro por el retrovisor y la mayor se está haciendo la dormida, tiene el cuello del abrigo en la boca para contenerse la risa, le asoman unas lágrimas de esfuerzo por no reírse. La mediana está a lo suyo, curioso.

—Papá ¿Os puedo escribir palabrotas?— Esto es nuevo, no me lo esperaba, miro a mi mujer, que por lo menos sea consensuado. Ella me corresponde levantando los hombros. Es nuevo para los dos.

—¿Vale?— Ya tengo curiosidad. Miro otra vez por el retrovisor, y la mayor ha abierto un ojo y está mirando a lo “pirata” a su hermana.

—Toma Papá— cojo la agenda con la soltura que da conducir un coche con 3 fieras durante años y se la paso a mi mujer.

—Francamente, está muy bien— comenta ella.

No aguanto más y miro el cuaderno, efectivamente, es un JODER con todas las letras perfectamente legible.

Le pasamos el cuaderno y se pone a escribir más palabrotas con una soltura que da miedo. Mi mujer y yo volvemos a hablar. En un momento dado nos dice la pequeñaja.

—¿Cómo se escribe el sonido “PUT”?

—¿Cómo suena?— Le decimos a coro mi señora y yo. La mayor se parte de risa, ni dormida ni leches.

—¡Gracias!— Y se pone a escribir.

Al rato nos pasa el cuaderno; joder, JODER, Joder, caca, cacaputa, pisputa, mierda. Hay que reconocer que escribe muy bien la niña, se entiende todo a la perfección, le devuelvo el cuaderno mientras le digo:

—¿Por qué no escribes palabras bonitas y se las enseñas a tu hermana mediana? Que al final nos vamos a chocar con tanta distracción.

—Vale, una última palabrota y después palabras bonitas.

Se pone a escribir y le pasa el cuaderno a la mediana.

—¡Papá! ¿Sabes lo que ha escrito? ¡Papaputa! —Exclama ofendida la mediana— ¡Anda pásame el bolígrafo!

La miro con satisfacción, va a defender mi honor.

—¡Anda pásamelo! Que no has puesto el acento a papá…

Otro día me defenderá, si eso…