miércoles, 26 de noviembre de 2014

¿Tarde tranquila en el coche?

¿Tarde tranquila en el coche? Una discusión entre la mediana y la mayor, un lloro de la pequeña, un conato de abandonar el coche por mi parte, abortado por mi mujer al grito telepático de -¡No seas cobarde!- Vamos, lo normal.

De repente la pequeña dice:
-Veo, veo...
-¿Qué ves?- Le contesto con la esperanza de reconducir el viaje.
-Empieza con la "A", es azul y termina por "pruf" y está arriba.
-¿Cielo?- Ya sé lo que estás pensando, pero el que juega con ella casi todos los días soy yo y creo que sé por donde va.
-Menuda tontería, no es eso-. Se hace el silencio en el coche, esta respuesta es nueva por parte de la pequeña.

Como ya tengo experiencia, o aciertas a la primera o no aciertas en la vida. Le digo un poco picado.
-Vale, me toca a mí. Empieza por "P" y acaba por "O".
-¿Podemos jugar?- Me pregunta la mediana.
-Vale, así paráis de pegaros.
-¡Perro!- Dice la mayor.
-¿Pero dónde ves un perro en el coche?
-Pues entonces me rindo.
-¡Pero si no me has preguntado nada! ¡Pregunta para qué sirve!
-¿Para qué sirve?
-Para limpiar.
-¿De qué color es?- Sigue preguntando, ya le da cosa no seguirme el juego.
-Negro y gris.
-Me rindo.
-Es plumero, era muy fácil.- No pasa nada, a la siguiente lo consiguen.
-Pues yo no lo veo.- Me replica la mediana.
-¿Tú lo sabías cariño?- Le pregunto a mi mujer para de demostrar a las niñas que era fácil.
-Perdona, no te estaba haciendo caso.- Ya veo que estoy solo ante el peligro.
-Papá, eres muy bueno en este juego. Otra palabra.- La mediana sí que sabe.
-Empieza por "B" y termina por "E".- Me doy cuenta que era por "F" y por "O" pero me arriesgo y continuo.
-¡Cielo!- Dice la pequeña toda convencida.
-Eh, no...
-¡Coche!- Madre mía, la pequeña tiene que repasar las letras.

Mi mujer me mira y me transmite por telepatía -La culpa es tuya-. Lo peor es que tiene razón.
-¡Vamos chicas, que es fácil!- Ya me estoy arrepintiendo de jugar.
-¡Coche!- Insiste la pequeña.
-¡Que noo!- Y yo que me lo quería perder.
-¿Para qué sirve?- Pregunta la mayor en un pequeño intento de que se calme la cosa.
-Para meter cosas dentro.
-¡Cajón!- Dice muy motiva la mediana.
-¡¡Pero si empieza por "B"!!- No me atrevo ni a mirar a mi mujer, si al final me llevo yo la bronca.
-¿De qué color es?- La mayor ya me conoce, sabe que lo mejor es seguirme la corriente.
-Transparente.- Digo calmadamente con la esperanza de no ser el más crío.
-¡¡Avión!!- Ya tardaba la pequeña en hablar.
-Noooooo.
-Venta...- empieza a decir la mediana, pero se calla al cruzarse con mi mirada por el espejo retrovisor.
-¡Me rindo!- Grita la mayor.
-¡¡¡Pero si es BOTE!!!- les digo señalando un frasco ambientador que tengo colgado del retrovisor.
-¡Caballo!- Dice toda convencida la pequeña.

Pongo la radio más alta, no miro a mi mujer, no digo nada más y todo el mundo da por terminada la partida. ¿Todo el mundo? No, todo el mundo no.

-¿No es caballo?- Insiste la pequeña.

Para mí que me están vacilando.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Así empieza el día


Suena el despertador de mi mujer, yo no lo oigo, simplemente lo siento. Ella se levanta y se va  al cuarto de baño a arreglarse (no la hace falta, ya se levanta preciosa). Yo aprovecho y grito para mi interior -¡Me quedan 10 minutos!- son mis 10 minutos de perrería.

A los 10 minutos empiezo a escuchar a Lana del Rey en la cocina. -Que bien canta-, me levanto y apago el móvil para dejar de escuchar esa bonita canción que me jode mis 10 minutos de cama para mi solo.

Vuelvo al cuarto, me siento en el borde de la cama (no sería la primera vez que me siento en el borde del suelo) y me pongo a buscar las ganas de empezar el día. Empiezo a buscar por los píes .

Por el pasillo se escucha la voz de la mediana, es extraño no suele despertarse sola. Asoma su cabeza por el marco de la puerta. Esta preciosa, le cuelgan las trenzas y me sonríe con los ojos y con su boca desdentada que parece la entrada del túnel de Guadarrama. Me mira, ve que estoy mirándome los pies y me da los buenos días. Vuelve a su cuarto y es ahí cuando todo empieza.

-¿Oye pequeña sabes que día es hoy?- Le dice a su dormida hermana.
-¡Es el día de los abuelos!- Le responde sorprendente una niña que hace unos segundos estaba dormida.
-¡Muy bien!
-Hoy viene la abuela al colegio y come con mamá en el colegio.
-No, comen en el bar de al lado del colegio.
-En el colegio.
-En el bar.
-¡PAPÁ!- gritan las dos al unísono. Eso es sincronía y no lo que hacen las de la piscina.

Dejo de mírame los pies, por mucho que mire no voy a encontrar ahí las ganas de empezar el día.

La discusión sigue sonando de fondo, bueno de fondo y de inicio, es más llena toda la casa. Mi mujer se asoma por la puerta del cuarto de baño. Me mira, la miro. Acabamos de cruzar una conversación telepática que sería algo similar a esto:

-¿Pero qué pasa?
-Uff, Agrh.
-Son las 6,30. Ya empezamos.
-Agrh.

Vuelve a meter la cabeza en el cuarto de baño y se cierra la puerta, ya son 10 años de casados y desde hace 8 años tenemos esta conversación telepática casi todos los días, no hacen falta las palabras, solo cruces de miradas y algún que otro levantamiento de hombros.

Llego al cuarto de las niñas, la conversación sigue igual de atascada.

-En el colegio.
-En el bar.
-En el colegio.
-En el bar.

Se callan al verme, me miran solicitando una decisión salomónica. Las miro, mido que respuesta tiene más posibilidades de generar un llanto mañanero. Ya lo tengo.

-En el colegio, ahora vestiros.

La pequeña mira con satisfacción a la mediana, piensa que ha ganado. La mediana la mira, con una clara superioridad moral, después me mira a mí. Leo en sus ojos -Esto no termina aquí-.

-Lo ha dicho para que te calles- le suelta. Tiene razón. Todos los sabemos, creo que también la pequeña.
-Por favor-. Gimoteo. La mediana me mira, ve un poco de suplica en mis ojos, pero sabe que o cede o se lía. Coge la ropa y se va al salón a vestirse. La pequeña me mira, con ella no vale la  mirada de suplica, ve que o me hace caso o no hay Pepa Pig por la tarde.

Me dirijo al cuarto de baño, asomo la cabeza y le digo telepáticamente a mi mujer.

-Date prisa que me toca, por cierto, estas guapísima.