lunes, 24 de noviembre de 2014

Así empieza el día


Suena el despertador de mi mujer, yo no lo oigo, simplemente lo siento. Ella se levanta y se va  al cuarto de baño a arreglarse (no la hace falta, ya se levanta preciosa). Yo aprovecho y grito para mi interior -¡Me quedan 10 minutos!- son mis 10 minutos de perrería.

A los 10 minutos empiezo a escuchar a Lana del Rey en la cocina. -Que bien canta-, me levanto y apago el móvil para dejar de escuchar esa bonita canción que me jode mis 10 minutos de cama para mi solo.

Vuelvo al cuarto, me siento en el borde de la cama (no sería la primera vez que me siento en el borde del suelo) y me pongo a buscar las ganas de empezar el día. Empiezo a buscar por los píes .

Por el pasillo se escucha la voz de la mediana, es extraño no suele despertarse sola. Asoma su cabeza por el marco de la puerta. Esta preciosa, le cuelgan las trenzas y me sonríe con los ojos y con su boca desdentada que parece la entrada del túnel de Guadarrama. Me mira, ve que estoy mirándome los pies y me da los buenos días. Vuelve a su cuarto y es ahí cuando todo empieza.

-¿Oye pequeña sabes que día es hoy?- Le dice a su dormida hermana.
-¡Es el día de los abuelos!- Le responde sorprendente una niña que hace unos segundos estaba dormida.
-¡Muy bien!
-Hoy viene la abuela al colegio y come con mamá en el colegio.
-No, comen en el bar de al lado del colegio.
-En el colegio.
-En el bar.
-¡PAPÁ!- gritan las dos al unísono. Eso es sincronía y no lo que hacen las de la piscina.

Dejo de mírame los pies, por mucho que mire no voy a encontrar ahí las ganas de empezar el día.

La discusión sigue sonando de fondo, bueno de fondo y de inicio, es más llena toda la casa. Mi mujer se asoma por la puerta del cuarto de baño. Me mira, la miro. Acabamos de cruzar una conversación telepática que sería algo similar a esto:

-¿Pero qué pasa?
-Uff, Agrh.
-Son las 6,30. Ya empezamos.
-Agrh.

Vuelve a meter la cabeza en el cuarto de baño y se cierra la puerta, ya son 10 años de casados y desde hace 8 años tenemos esta conversación telepática casi todos los días, no hacen falta las palabras, solo cruces de miradas y algún que otro levantamiento de hombros.

Llego al cuarto de las niñas, la conversación sigue igual de atascada.

-En el colegio.
-En el bar.
-En el colegio.
-En el bar.

Se callan al verme, me miran solicitando una decisión salomónica. Las miro, mido que respuesta tiene más posibilidades de generar un llanto mañanero. Ya lo tengo.

-En el colegio, ahora vestiros.

La pequeña mira con satisfacción a la mediana, piensa que ha ganado. La mediana la mira, con una clara superioridad moral, después me mira a mí. Leo en sus ojos -Esto no termina aquí-.

-Lo ha dicho para que te calles- le suelta. Tiene razón. Todos los sabemos, creo que también la pequeña.
-Por favor-. Gimoteo. La mediana me mira, ve un poco de suplica en mis ojos, pero sabe que o cede o se lía. Coge la ropa y se va al salón a vestirse. La pequeña me mira, con ella no vale la  mirada de suplica, ve que o me hace caso o no hay Pepa Pig por la tarde.

Me dirijo al cuarto de baño, asomo la cabeza y le digo telepáticamente a mi mujer.

-Date prisa que me toca, por cierto, estas guapísima.

4 comentarios:

  1. Me encanta tu inicio de día con discusiones y todo!!!!

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  2. Me gusta, amigo escritor, esa técnica insinuante que usted emplea, ese dejar al lector con las ansias del final del relato, sabiendo que llegará pero no cuando. Me recuerda, en cierto modo, a los cuentos de Ignacio Aldecoa.
    Casi lo deduzco, sabiendo que "tiene razón, todos lo sabemos, creo que también la pequeña". Pero, por favor, confírmelo, ¿comieron en el colegio o en el bar?

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