Antes de ser padre esto no se me habría pasado por la cabeza, pero
hay muchos momentos (por lo menos a mí me pasa) en los que mis hijas tienen
mucho más sentido común que yo. Tampoco es que yo sea un cafre. Pongo unos ejemplos:
La de 8 años:
Como cualquier padre, tengo mis vicios, uno de ellos es la
PlayStation. Aprovecho cuando todas mis mujeres están durmiendo y me echo “una”
partida. Hay veces que la partida se alarga un poco más de lo normal. Pero solo
un poco…
Un día, mejor dicho una madrugada que estoy jugando, se
levanta la mayor para ir al servicio, pasa por mi lado sin decir nada. Cuando
vuelve a su cuarto, se para a mi lado, me da un beso y me dice:
—Papá ¿No crees qué es
un poco tarde para estar jugando? Anda apaga y vete a la cama.
La miro alucinado, me levanto, apago la consola. Y me voy a
dormir con una sensación extraña, muy extraña.
La de 6 años:
A la niña le encanta jugar a peleas. Aunque en el fondo lo
que le gusta es que le haga cosquillas. Sólo hay una regla “Quien se rinde, pierde”. En un mal
movimiento por mi parte, la niña se lleva un “ligero” golpe y se pone a llorar.
—Bueno hija, ya hemos
terminado.
—No papá, no me he
rendido.
—Sí hija, te has
puesto a llorar.
—Papá, llorar no es
rendirse.
Ataque doble:
Vamos al médico la de 8, la de 6 y el señor responsable que
escribe. Por primera vez en muchos años voy sin prisa y encima aparco en la
puerta del ambulatorio. Las niñas están tranquilas y hay una buena canción en
la radio. Apago el coche y me pongo a ver una invitación a un cumpleaños.
—¿Has visto a papá? Se
ha quedado embobado mirando la invitación— le dice la de 6 a la de 8.
—Papá que llegamos
tarde. Deja eso y lo miras después— me dice la de 8.
Dejo la felicitación, apago la radio. Miro el reloj y pienso
para mis adentros que la paternidad no me la imaginaba así. Aún resuena el embobado en mi cabeza.
La de 6 se la está
ganando:
De vez en cuando soy un temerario y hago locuras, como por
ejemplo, echarme una partida a la play
sin que mis mujeres estén durmiendo. Un buen día, mientras se carga el juego,
me termino de comer un yogurt, al terminarlo lo dejo en el suelo para tirarlo
después.
De la nada aparece la de 6 años, coge el yogurt y se lo
lleva a la papelera de la cocina, la miro y doy gracias a Dios por la niña tan
responsable que tengo.
Empiezo con la partida y al momento aparece mi amada esposa
que se pone delante de la televisión con la de 6 años a su lado. Pongo en pausa
el juego, seré un temerario pero no un
loco.
—¿Sabes lo que me ha
dicho la niña?— me dice mi mujer. Yo la miro con cara de pez payaso y la
digo.
—¿Qué te quiere mucho?—
Yo lo tenía que intentar…
—Pues me ha dicho. “Mira
lo que ha hecho tu marido, ha dejado el yogurt en el suelo y se ha puesto con
la play”.
Busco con la mirada a la niña, ya no estaba al lado de su
madre, ni tampoco estaba en el salón. Será rápida. Tengo que explicarla que
además del marido de su madre. YO SOY TU
PADRE.
La de 6 se lo ha
ganado:
Vamos todos en el coche, estamos llegando a casa y voy por
un paso elevado. En esas que donde había un “ceda el paso” ahora hay un STOP y sin
querer suelto un exabrupto.
Adelanto un poco y donde había un STOP ahora hay un “ceda el
paso” y sin querer suelto otro exabrupto.
—Papá ¿Tú crees que
solucionas algo insultando a la gente? No hay que insultar a los desconocidos.
No digas nada más y conduce.
Miro a mi mujer, ella no me mira, bastante tiene con
aguantarse la risa.
Y la de 4 aparece en
escena:
Estamos jugando a peleas en mi cama la de 6 y yo. De repente
se mete en medio la de 4 con su muñeco. Nosotros seguimos jugando a peleas.
En un momento dado la de 6 empuja a la pequeña, esta la mira
de reojo y suelta un “joderrrr” muy
bajito mientras tiene a su muñeca en brazos.
—Cariño eso que has
dicho no está bien— le digo todo cargado de razones.
—Pero si tú también lo
dices— me contesta mientras me señala con un dedito acusador que tiene toda
la razón del mundo.
Tienes tanto que aprender de las mujeres que las tuyas no dan abasto ;-)
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