martes, 15 de septiembre de 2015

Tirón de pelos


Tres hijas y una esposa, esto hace cuatro mujeres. Cuatro mujeres con sus correspondientes pelos largos. Estos pelos, en muchos casos necesitan gomas y horquillas para ser sujetados. Eso hacen muchas gomas y muchas horquillas ¿Veis por dónde voy? ¿Sabéis la de cepillos que hay en mi casa? Por supuesto, todas las niñas tienes cepillos anti-tirones, ya hemos probado unas cuantas marcas y modelos. Tiene su complejidad ese mundillo.

¿Sabéis qué cuando cambia el tiempo el pelo se cae? ¿Sabéis lo que es un cambio de estación en mi casa?

Tengo gomas del pelo en la palanca de las marchas del coche. Casi siempre tengo una goma en una muñeca, me las quito cuando mis compañeros me miran más las manos que la cara. En cada habitación de mi casa hay por lo menos una goma en el suelo, como las colillas de cigarrillo en las viñetas de Mortadelo y Filemón.

Y no quiero hablar de cuando tengo que desatascar algún desagüe. El otro día había un ewok en el lavabo y la semana pasada me encontré atascado en la ducha a Chewbacca.

Cuando saco la ropa de la lavadora, siempre cae una bola de pelo y se pone rodar por el suelo como un estepicursor de una película del oeste.

Eso sí, tanto pelo largo tiene sus ventajas, el cepillado del pelo me permite pasar tiempo con mis hijas, con mi mujer no tanto, dice que no se fía de mis dotes como peluquero, no entiendo el motivo.

El otro día, la mayor me pidió ayuda, quería que la cepillase el pelo, yo fui raudo y veloz, con una sonrisa en la cara. Lo digo en serio. Me puse cepillo a la obra, esto siempre me permite hablar a solas con las niñas:

—Oye cariño, ahora que no nos escucha la mediana, el próximo día limpia tú el cuarto de baño. La mediana no lo ha dejado muy fino que se diga— le digo a la mayor mientras escruto con la mirada el lavabo, las niñas ya me ayudan con la casa, la mayor siempre se encarga del cuarto de baño, pero el último día lo hizo la mediana, decía que estaba cansada de la cocina.

—¡Es la primera vez que lo hago, tendré que aprender!— Me dice la mediana desde su habitación, tenía la puerta cerrada…

—Madre mía que oído tiene, alucinante, además está con el iPad. Menudo cuidado tengo que tener— digo mucho más bajo a la mayor.
—¡Somos mujeres, tenemos buen oído!— Me vuelve a decir la mediana, sigue en su habitación, con el iPad y con la puerta cerrada.

—Además podemos hacer dos cosas a la vez— me dice la mayor. Paro de cepillarla, miro su reflejo en el espejo. Su sonrisa pícara me desafía, sus grandes ojos marrones me dicen que no me lo va a poner fácil.

—¿Tú sabes qué esos son tonterías? Los hombres podemos hacer 2 cosas a la vez, igual que las mujeres.

—No es cierto, los niños no pueden escribir y atender a la vez en clase, las niñas sí. Somos mejores en todo.

—¿Qué decías? Perdóname que estaba cepillándote el pelo.

Me da un codazo, flojo pero un codazo. A modo de advertencia.

—¡Era broma! Cariño, eso no es así. Los hombres y las mujeres somos iguales. En alguna cosa, alguno puede tener alguna ventaja. Si piensas, seguro que ves algo en lo que los hombres destacamos un poco más.

Se hace el silencio, la miro mientras veo que se pone a devanarse la cabeza. Pasa un bueno rato…

Pues no caigo, de verdad, iba a decir que el conducir, pero casi todas las mujeres conducen mejor que tú— me dice con toda sinceridad.

—Hacéis pis por la cola— dice la mediana. Sigue con el iPad, con la puerta cerrada y en su habitación.

La mayor se parte de risa, yo también me rio, por lo bajo. Mi mujer que está en el salón, con la puerta cerrada y leyendo, también se ríe, pero ellas a carcajadas.


—Hacer pis de píe sólo tiene ventajas— termina por rematar la mediana. No la digo nada, tiene toda la razón.

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