Tengo que reconocer que con la mayor apenas tengo problemas últimamente,
está en la fase en la que ignora, y cuando no me ignora, me evita. Por tanto no
hay muchos motivos de confrontación ¿O sí?
Cuando se acuerda de mí, tiemblo de verdad. Esta las “tira a
dar”. Por ejemplo, están las dos mayores hablando de quién es mejor jugando en
la Play, están hablando entre ellas, yo estoy cerca, haciendo como que no estoy
atento. Mejor saber por dónde me van a atacar.
—Pues yo soy mejor—
dice con razón la mayor.
—Ya, pero papá sí que
es el mejor en la Play— la mediana últimamente está muy cariñosa conmigo.
Mola.
—Puede ser, no diré
que no. Pero el otro día le gané jugando al ajedrez, le machaque jugando al
fútbol y encima hace meses le dejé 50€ para la reparación de la caldera, y aún
no me los ha devuelto— según decía esto, me buscaba con la mirada, pero yo
ya no estaba allí, estaré “gordito” pero se me da bien desaparecer cuando la
situación lo requiere.
Estuve un rato “desaparecido” pero no lo suficiente. En un
momento me tuve que dar un paseo con la mayor para hacer unas gestiones, nos
ponemos a hablar de la vida, de los encargos, etc.
—Oye, podemos hacer un
trato, si haces estas cosas bien y me echas una mano, te doy un euro por ellas
¿Te parece?— Le digo medio broma, medio en serio.
—Muy bien, pero “esos”
euros no reducen la deuda de los 50€, es un dinero diferente. Que te voy
conociendo— me dice sin mirarme.
—Oye, mejor lo
dejamos, yo en este ambiente de desconfianza no puedo cerrar ningún trato— le
digo mientras entramos en casa, no la dejo ni contestar y vuelvo a desaparecer,
le estoy cogiendo el truco a esto.
Ya por la noche, toca cepillar los pelos, esta vez me pide
ayuda ¿Sería una excusa? La diferencia frente a otras veces, es que también estaba
la mediana. Esta estaba sentada, escuchando la conversación que teníamos la
mayor y yo. La conversación era tranquila e inocua, las mejores, fijo que salía
escaldado de ella. En un momento dado, nos interrumpe y me pregunta:
—Entonces papá
¿Podemos ir a casa de la tía?— Pregunta sencilla, fijo que no hay
problemas.
—No veo ningún
problema, claro que sí— contesto, ante todo seguridad, además era sencilla
la respuesta.
—¿Seguro? ¿No tienes
que preguntar a mamá si podemos ir?— Pregunta la mayor, con ese tono que
todos conocemos, ese tono que indica que no tenía que haberla dejado con la
palabra en la boca antes… Me mira a través del reflejo del espejo con sus ojos
color chocolate. Chocolate fuerte, que tienen un brillo de desafío…
Cierro la puerta del cuarto de baño. No me gusta por donde
va la conversación, a ver si me van a oír el resto de mujeres…
—No. No le pregunto
todo a mamá— fijo que las he convencido.
—Es verdad, hay veces
que no pregunta. Por ejemplo cuando… Seguro que no pregunta siempre, ahora no tengo
ningún ejemplo— la mediana le ha puesto intención ¡Pero mira qué guapa es!
—¿Lo ves?— Digo
sin darme cuenta que la he “cagao”, acabo de demostrar un punto débil. La mayor
ya está perdida, ya me ha “calao”. Miro a la mediana, intentar buscar en sus
ojos esa ingenuidad que dan los 7 años, esperando que no se haya dado cuenta.
Tarde, ha visto por donde atacarme en un futuro. Me sonríe con inocencia, pero
ese brillo gatuno en los ojos…
—Serán las excepciones
¿Qué queremos jugar a la Play? Preguntas ¿Qué queremos ver la tele? Preguntas
¿Qué querem…? ¡¡¡Ay!!!
—Perdona cariño, se me
ha enganchado el cepillo en el pelo. Menudo tirón tonto que te he dado. Ya lo
siento…— Le digo mientras la miro por el espejo con cara compungida.
—¿Qué queremos…?
¡¡¡Ay!!! ¡¡¡Lo estás haciendo aposta!!!
—¿Yoooo? qué va— mientas
los digo, miro a la mediana, no ha dejado de mirarme ni un solo momento, no ha
dejado de aprender. Miedo me da dentro de 2 años…
Por cierto, no pregunto todo a mi mujer, la mayor es una
exagerada…

No hay comentarios:
Publicar un comentario