Domingo por la mañana, lo reconozco, me acosté tarde echándome una
partida a la Play, una partida muy larga. Toca despertarse, vamos a ir todos a
misa y después desayunamos en una cafetería.
Mi mujer ya lleva un rato despierta, ya está vestida y está organizando el jaleo mañanero. Yo estoy despierto pero con los ojos cerrados, por eso de la molesta claridad…
—¡Vestiros por favor! ¡Termina de desayunar! ¡Recoge eso!— Oigo a mi mujer decir en el salón.
—¿Y papá?— Pregunta la mediana sin ninguna doble intención...
—Anda, no me…
—¿Mamá por qué papá se puede despertar tarde y yo no?— Dice la mayor muy indignada, si por ella fuese se habría despertado el lunes por la tarde.
—¿Mamá estoy guapa?— Dice la pequeña con una energía desbordante. Esta se despierta ya a tope.
Mi mujer ya lleva un rato despierta, ya está vestida y está organizando el jaleo mañanero. Yo estoy despierto pero con los ojos cerrados, por eso de la molesta claridad…
—¡Vestiros por favor! ¡Termina de desayunar! ¡Recoge eso!— Oigo a mi mujer decir en el salón.
—¿Y papá?— Pregunta la mediana sin ninguna doble intención...
—Anda, no me…
—¿Mamá por qué papá se puede despertar tarde y yo no?— Dice la mayor muy indignada, si por ella fuese se habría despertado el lunes por la tarde.
—¿Mamá estoy guapa?— Dice la pequeña con una energía desbordante. Esta se despierta ya a tope.
—Anda, pregúntale
a tu padre y así lo despiertas de paso— el tono de mi mujer denota fatiga y eso
que por decirlo así, aún no ha empezado el día.
Menos de un
segundo después se abre la puerta, por la luz que entra del pasillo se dibuja
la silueta de una niña de 5 años, bueno una niña o un león pequeño, menudas
melenas. Por lo que se ve se ha vuelto a hacer una “sesión de peinado”.
—¿Papá estoy guapa? ¿Estoy guapa?
Dice mamá que ya es hora de levantarse, que has dormido mucho, que me prepares
el desayuno y que me compres algo a la salida de misa.
—Buenos días cariño, te he oído ha…
—¡Buenos días papa! ¿Estoy guapa?
—Sí cariño, mucho, pero ahora te
peino de verdad, o por lo menos lo intento. ¿Me dejas terminar? Te he oído
hablar con mamá y no te ha dicho eso— después de escuchar el “sí
cariño”, la niña ya había desaparecido, por lo que se ve, lo que dije
después del “sí cariño” fue durante
mi parpadeo de ojos y esto me impidió ver como la niña desaparecía del cuarto
en absoluto silencio.
Me levanto, y salgo a la tranquilidad del salón; la pequeña se está “peinando” aún más. La mediana está negociando con mi mujer la ropa que ponerse, ella es partidaria de ir en pantalón corto, mi mujer de pantalón largo, por eso de estar en invierno. La mayor, en el cuarto de baño, cambiándose. Como he sido lento, me toca esperar, y mucho…
Después de
la típica lucha mañanera, conseguimos salir con tiempo de sobra, con la pequeña peinada, con la mediana
vestida de invierno y con la mayor ofendida por esa distinción padre/hija a la
hora de levantarse.
Después de
una misa más o menos tranquila, de un desayuno familiar, con lectura del
periódico incluido y de disfrutar de un agradable paseo, toca comprar. Sí, es
domingo, pero se le ha roto a la mediana los zapatos y el único sitio abierto
que los venden es el Carrefour.
Yo cuando
era pequeño, no entendía a Don Pantuflo, el padre de Zipi y Zape, pero
ahora, ahora me veo absolutamente identificado con su drama a la hora de
comprar zapatos.
Dejo a mi
mujer y a la pequeña en casa y me voy con las dos mayores a comprar. A la que se
va por zapatos, al final se termina comprando de todo un poco. En la sección
refrigerada tengo a cada niña revisando una sección diferente, yo estoy un poco
más alejado, con los quesos concretamente.
—¡Papá sé un buen padre!— Me grita la mediana desde la otra
punta del pasillo, os recuerdo que estamos en el Carrefour, con eso pasillos
tan largos…
Antes de
mirarla, me dedico a mirar a la gente que hay en el pasillo, por eso de la
custodia paternal que a este paso voy a perder. Como me temía todo el mundo
está mirando a la niña he intentado localizar al padre de la misma.
—¡Papá sé un buena padre!— Sigue gritando la niña mientras me
enseña un fuet.
Dejo el
queso en su sitio y me voy corriendo antes de que llame la atención de los de
seguridad.
—Papá sé un buen padre y cómpranos
fuet— la iba a
regañar por el numerito que ha montado; pero como lo ha hecho sin darse cuenta,
me ha puesto cara de “soy buena” mientras abraza el fuet, y como el fuet está
rico, al final no la regaño y termina el fuet en el carro.
El resto de
la compra ha sido tranquila, muy tranquila. Pagamos, y al salir, pasamos por la
tienda de mascotas, parada obligatoria.
—¿Papá cuando nos vas a comprar 2
hámster?— Preguntan
a coro.
—Cuando seáis más ordenadas. Por
cierto creo que dos hámster no van a ser buena idea, a mi compañero del trabajo
se le murió la serpiente y entonces no podremos darle las crías.
—¿Para qué quería tu compañero las
crías?— Pregunta
inocentemente la mediana.
—¿Para qué
va a ser? Para dárselas de comer a la serpiente.
—¿Pero a ti qué te pasa? ¿Qué locura
es esa? ¿Y tus sentimientos?— Me regaña en voz alta. Otra vez la gente se gira para ver a
la niña y al padre de la niña
—Papá, podríamos comprar 2 hembras,
además se iban a llevar mejor— dice la mayor muy
seria. La miro, veo que lo dice en serio y por tanto no veo procedente gastar
ninguna broma sobre encerrar a dos hembras en la misma jaula, por eso y porque
estoy en minoría…
—Pues no es mala idea, lo haremos
así, pero como sigáis a este paso, mi compañero del trabajo se vuelve a comprar
otra serpiente…
Miro el
reloj, las 12.30, no está mal. A este paso me puedo echar la siesta y todo…

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