martes, 20 de octubre de 2015

Domingo por la mañana


Domingo por la mañana, lo reconozco, me acosté tarde echándome una partida a la Play, una partida muy larga. Toca despertarse, vamos a ir todos a misa y después desayunamos en una cafetería.

Mi mujer ya lleva un rato despierta, ya está vestida y está organizando el jaleo mañanero. Yo estoy despierto pero con los ojos cerrados, por eso de la molesta claridad…

—¡Vestiros por favor! ¡Termina de desayunar! ¡Recoge eso!— Oigo a mi mujer decir en el salón.

—¿Y papá?— Pregunta la mediana sin ninguna doble intención...

—Anda, no me…

—¿Mamá por qué papá se puede despertar tarde y yo no?— Dice la mayor muy indignada, si por ella fuese se habría despertado el lunes por la tarde.

—¿Mamá estoy guapa?— Dice la pequeña con una energía desbordante. Esta se despierta ya a tope.

—Anda, pregúntale a tu padre y así lo despiertas de paso— el tono de mi mujer denota fatiga y eso que por decirlo así, aún no ha empezado el día.

Menos de un segundo después se abre la puerta, por la luz que entra del pasillo se dibuja la silueta de una niña de 5 años, bueno una niña o un león pequeño, menudas melenas. Por lo que se ve se ha vuelto a hacer una “sesión de peinado”.

—¿Papá estoy guapa? ¿Estoy guapa? Dice mamá que ya es hora de levantarse, que has dormido mucho, que me prepares el desayuno y que me compres algo a la salida de misa.

—Buenos días cariño, te he oído ha…

—¡Buenos días papa! ¿Estoy guapa?

—Sí cariño, mucho, pero ahora te peino de verdad, o por lo menos lo intento. ¿Me dejas terminar? Te he oído hablar con mamá y no te ha dicho eso— después de escuchar el “sí cariño”, la niña ya había desaparecido, por lo que se ve, lo que dije después del “sí cariño” fue durante mi parpadeo de ojos y esto me impidió ver como la niña desaparecía del cuarto en absoluto silencio.

Me levanto, y salgo a la tranquilidad del salón; la pequeña se está “peinando” aún más. La mediana está negociando con mi mujer la ropa que ponerse, ella es partidaria de ir en pantalón corto, mi mujer de pantalón largo, por eso de estar en invierno. La mayor, en el cuarto de baño, cambiándose. Como he sido lento, me toca esperar, y mucho…

Después de la típica lucha mañanera, conseguimos salir con tiempo de sobra,  con la pequeña peinada, con la mediana vestida de invierno y con la mayor ofendida por esa distinción padre/hija a la hora de levantarse.

Después de una misa más o menos tranquila, de un desayuno familiar, con lectura del periódico incluido y de disfrutar de un agradable paseo, toca comprar. Sí, es domingo, pero se le ha roto a la mediana los zapatos y el único sitio abierto que los venden es el Carrefour.

Yo cuando era pequeño, no entendía a Don Pantuflo, el padre de Zipi y Zape, pero ahora, ahora me veo absolutamente identificado con su drama a la hora de comprar zapatos.

Dejo a mi mujer y a la pequeña en casa y me voy con las dos mayores a comprar. A la que se va por zapatos, al final se termina comprando de todo un poco. En la sección refrigerada tengo a cada niña revisando una sección diferente, yo estoy un poco más alejado, con los quesos concretamente.

—¡Papá sé un buen padre!— Me grita la mediana desde la otra punta del pasillo, os recuerdo que estamos en el Carrefour, con eso pasillos tan largos…

Antes de mirarla, me dedico a mirar a la gente que hay en el pasillo, por eso de la custodia paternal que a este paso voy a perder. Como me temía todo el mundo está mirando a la niña he intentado localizar al padre de la misma.

—¡Papá sé un buena padre!— Sigue gritando la niña mientras me enseña un fuet.

Dejo el queso en su sitio y me voy corriendo antes de que llame la atención de los de seguridad.

—Papá sé un buen padre y cómpranos fuet— la iba a regañar por el numerito que ha montado; pero como lo ha hecho sin darse cuenta, me ha puesto cara de “soy buena” mientras abraza el fuet, y como el fuet está rico, al final no la regaño y termina el fuet en el carro.

El resto de la compra ha sido tranquila, muy tranquila. Pagamos, y al salir, pasamos por la tienda de mascotas, parada obligatoria.

—¿Papá cuando nos vas a comprar 2 hámster?— Preguntan a coro.

—Cuando seáis más ordenadas. Por cierto creo que dos hámster no van a ser buena idea, a mi compañero del trabajo se le murió la serpiente y entonces no podremos darle las crías.

—¿Para qué quería tu compañero las crías?— Pregunta inocentemente la mediana.

—¿Para qué va a ser? Para dárselas de comer a la serpiente.

—¿Pero a ti qué te pasa? ¿Qué locura es esa? ¿Y tus sentimientos?— Me regaña en voz alta. Otra vez la gente se gira para ver a la niña y al padre de la niña

—Papá, podríamos comprar 2 hembras, además se iban a llevar mejor—  dice la mayor muy seria. La miro, veo que lo dice en serio y por tanto no veo procedente gastar ninguna broma sobre encerrar a dos hembras en la misma jaula, por eso y porque estoy en minoría…

—Pues no es mala idea, lo haremos así, pero como sigáis a este paso, mi compañero del trabajo se vuelve a comprar otra serpiente…


Miro el reloj, las 12.30, no está mal. A este paso me puedo echar la siesta y todo…

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