1. Vamos a la biblioteca, a la sección infantil, las dejo mirando libros y me voy a la sección de mayores (que no de adultos, que suena mal) a coger unos libros, cuando vuelvo me las encuentro con varios cómic, los ojeo, me acerco a la estantería donde estaban y cojo dos más y se los pongo en su montón, sin decir nada, al llegar a casa los saco de la bolsa y me los llevo a mi cuarto (eran juveniles, mal pensados):
Al día siguiente, se me acerca la mayor por la espalda y me dice:
-¿Qué tal los cómic que nos has hecho cogerte de la sección infantil? ¿Pensabas que no me iba a dar cuenta...?
-Te lo puedo explicar...
-Mejor déjalo.
2. Un día por la mañana, uno de esos que uno se levanta con el pie un poco más torcido, después de echar unas cuantas broncas, al poco, viene la mediana y mientras pasa a mi lado, dice en voz alta pero sin dirigirse a nadie en concreto:
-Hay que leer más Súper Humor (los cómics de Mortadelo y Filemon), así uno está más alegre.
3. Ya es hora de irse a la cama, mientras las niñas se cepillan los dientes, yo enciendo la 'Play', cargo el Battlefield 4, me coloco los cascos con micro y me meto en una partida donde tengo un amigo:
-¡Buenas noches Thibor! ¿Qué tal la partida?- Digo a mi amigo de batallas.
-Difícil, pero podemos remontar ¿Ya has acostado a tus mujeres?
-En eso estamos. Tardan un rato en cepillarse los dientes.
Y entre tiros, conquistas de banderas y más tiros, al final las niñas se terminan de cepillar los dientes y van pasando por mi lado en dirección a su cuarto. Se meten en su cama y empieza el cachondeo:
-¡Pero me queréis hacer caso! A dormirrrr.
-¿Perdona?- Me dice mi amigo a 500km y a través de Internet y de mis cascos.
-No, no, es a mis hijas.
Sigo con los tiros, remontando la partida, que para eso mi amigo y yo ya somos veteranos. Miro a mi izquierda, y veo que mi hija de cinco años, está al lado con los brazos en jarra y moviendo los labios, como veo que no soy capaz de leerle los labios, por mucho que gesticule, me quito los cascos y empiezo a escuchar su dulce voz enojada:
-¿Hoy nos nos das un beso?
-Si claro, ahora mismo voy.
Aprovecho, unas de las raras veces que consiguen matarme (en el juego) y me voy a dar un beso de buenas noches a mis hijas. Primero a la pequeña, beso en la frente, la coloco bien el oso de peluche tamaño natural. Después a la mayor, que está en la litera de arriba, beso y caricia en el pelo, y por último a la mediana, que está en la litera de abajo, beso con abrazo.
-Papá, hoy lo haces rápido, para que no te maten ¿No?- Me dice con ojos redondos, a lo dibujo japonés.
Antes de encontrar una la respuesta, empiezo a escuchar unas risas en mi cabeza, pienso que me estoy volviendo loco:
-Que no has silenciado el micrófono- me dice mi amigo que sigue a 500km y que ahora mismo está muerto de la risa.
4. Estos días de vacaciones, uno se acuesta un poco más tarde y se levanta un poco más tarde, cosas de la Play Station. Pues cuando uno tiene hijos, esos detalles pasan factura, ya que mientras estás durmiendo, sientes una agitación, mal abres los ojos y ves a una niña de 7 años que te zarandea sin misericordia, solo consigues balbucear un:
-¿Qué pancha?- No es una errata, todos hablamos mal nada más despertarnos.
-¿Como que qué pancha? ¿Has visto las horas qué son? -Dice mientras señala su reloj nuevo. Ya sabía yo que me iba a traer problemas ese reloj.- Y nosotras sin desayunar, claro que después no nos da tiempo a ir al parque. ¡Vamos arriba perezoso!
Al final hice lo que hace todo el mundo en estos casos:
-Mamá déjame un rato más, que mañana no hay colegio...
Por cierto, no he tenido nada que ver con la desaparición de su reloj, lo juro.
4. A consecuencia del punto anterior, pasa el punto actual. Hora de la siesta, estoy durmiendo la siesta, vuelvo a sentir una agitación, menor agitación, pero agitación al fin y al cabo, mal abro los ojos, y me encuentro a una niña de 5 años que mientras me zarandea me dice:
-Es la hora de la merienda, y no hemos merendado, tienes que levantarte y preparar la merienda.
-Si claro, ahora mismo- y me doy la vuelta mientras me hago un ovillo.
-La merienda, la merienda, la merienda, la merienda, la meriendaaaaaaaaaaa.
-Vale, tú ganas- me destapo y sacó una pierna de la cama. Ella se da por satisfecha y sale del cuarto cerrando la puerta, espero oír sus pasitos alejarse de mi cuarto y cuando compruebo que se ha marchado, vuelvo a meter la pata (en la cama) y me vuelo a tapar.
Se abre la puerta, aparece una cabeza como de unos cinco años y empieza a gritar:
-¡La meriendaaaaaaaaaaaaaa! ¿Pero qué haces aún en la cama? ¡Arriba que la merienda no se hace sola!
5. Una del coche. Volvemos todos a casa después de un largo día, yo estoy chistoso y me empiezo a meter con las 2 mayores. Con la pequeña no, ya que no entiende la ironía y para complicar la cosa, nos está contando un chiste de los cortos, de los que duran cuarenta y cinco minutos, cuando está en 'trance de chiste' es mejor no interrumpirte o si no empieza de nuevo.
En un momento dado, cometo un error y gasto una broma a la mediana sobre novios y esas cosas, bromas que por otro lado, a mí no hacen mucha gracia. Sigo con la gracia y por el rabillo del ojo, veo a través del retrovisor interior, que se está formando una borrasca en el asiento de atrás:
-Oye papá, por qué por las mañanas, cuando no te oye mamá te pones a refunfuñar y a decir cosas malas de ella.
De repente se hace un silencio sepulcral en el coche, tanto será, que la pequeña deja de contar el chiste, lo nunca visto. Siento 4 pares de ojos clavados en mi nuca y en mi oreja derecha, el par de ojos de la oreja derecha son los que me preocupan. No se me ocurre nada y utilizo la técnica evasiva de subir la música.
-¿Papá, no me has oído? ¿Qué refunfuñas por las mañanas?
-Pero mira que eres bromista hija, ja ja ja.
-Tu sabes que no lo soy.
-Pues a lo mejor te castigo, ja ja ja.
-Yo creo que NO -dice una voz femenina que procede de mi lado derecho-, creo que no vas a ser hoy tú las castigada hija...
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