
Sinceramente, yo pensaba que me iba a quedar sin cosas que contar en el blog. No sé si es porque estoy más atento, pero no hay semana que no me pase algo.
La plancha
Estamos todos en el salón; mi mujer leyendo en el sofá, las niñas viendo Clan TV en la tableta, y yo planchando. Vamos, la típica escena familiar moderna. Por culpa del vapor de agua, no se me ocurre otra genial idea que pregunta en voz alta:
—¿Chicas queréis
aprender a planchar?— Oye que era de día, pero os prometo que empezaron a
sonar grillos en el salón.
—¿De verdad que no queréis
aprender a planchar? Mola— cuando las niñas están con la tableta hay que
incidir un poco en las propuestas, sobre todo si no lo digo con total
convicción.
Mi mujer no termina de apagar una risilla, las niñas
levantan un poco la mirada de la tableta y se empiezan a mirar entre ellas, sus
miradas eran de incredulidad. Me imagino sus preguntas dentro de sus hermosas
cabecitas "¿De verdad que nos ha preguntado eso?"
—Sinceramente, no me
interesa aprender— me dice la de 6 años.
—Ahora me viene mal
papá— la de 9 me da esperanzas, cuando tenga 25 seguro que le vendrá bien.
—Papá, yo quiero, pero
soy muy pequeñita y eso quema— madre mía, la de 4 está para comérsela.
En cuanto termina de hablar la de 4, todas las niñas se
giran hacía mi mujer, esperan su respuesta. Me giro yo también, a ver qué dice.
—Yo sé planchar, pero
a ti se te da mucho mejor. De verdad cariño, te quedan genial las camisas.
Ahora me miran las niñas a mí. De lo que haga, de lo que
diga, dependerá mi dominio como “Macho Alfa” de la familia.
—Pues sí, es verdad,
me quedan genial y no tardo nada— ¡JODER! Que no era eso lo que tenía que
decir. Esposa 1 – Marido 0
—Niñas, es muy
importante aprender a planchar. En el futuro lo vais a necesitar. No es para
tanto. A lo mejor os gusta y todo— lo intento arreglar, pero me da que no.
Después de esta mentira se empiezan a acercar, no sé si es porque las he convencido o para no escucharme. Sin dejarlas
tiempo de reaccionar, las empiezo a instruir en el bello arte del planchado.
Por cierto, lo único que conseguí ese día, es que cada vez
que aparece la tabla de planchar en el salón, desaparece la representación
femenina. No sé dónde se meten, mi casa es enana. Eso sí, plancho la mar de
tranquilo.
Mi mujer está peinando a la mayor en el salón, yo estoy en
mi habitación con la mediana y la pequeña. La mediana está metida en nuestra
cama, ya está vestida y peinada, solo le queda ponerse los zapatos. Yo estoy vistiendo a la pequeña.
—Papá ¿Me puedes abrazar un poco?— Me dice la pequeña con
una carita que es imposible negarla nada. Mientras la abrazo, me observa la de
6.
—Papá, ¿Sabes qué te está utilizando?
—¿Por qué dices eso cariño?
—¿Qué pasa? ¿Qué quieres poner esto en tu página?
—Eh….
Se levanta y sale de la habitación andando de espaldas.
Mientras hace esto me va susurrando:
—Te está utilizando, utilizando.
Otro día, estoy hablando con la de 6 a solas, de un problemilla que tiene, cosas de padre e hija. En un momento dado me dice:
—Papá, esto no lo digas en Internet.
—Tranquila hija, de esto no diré nada.
Curiosas las nuevas familias de hoy en día.
Que bien planchas, don Marujo, y que listas tus chicas!!!!!
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