lunes, 23 de marzo de 2015

¿Guerra psicológica? Qué va...

Este ha sido un gran día del padre, los regalos han estado genial, y como siempre, mis hijas se han portado de maravilla. Lo digo de verdad, son maravillosas. En esta entrada hay un poco de las 3. Desgraciadamente, la de 9 años se me está haciendo mayor y ya no tiene esas salidas, pero de vez en cuando...


19 de marzo
—¡Felicidades papá! ¡Tienes que abrir los regalos!

Abro un ojo, lo vuelvo a cerrar, compruebo que no estoy en un sueño, cojo el móvil, miro la hora…

—Muchas gracias guapa, que detalle, claro que voy a abrir los regalos, pero no a las 7 de la mañana ¿Qué tal si te metes en la cama y los abro cuando me despierte otra vez? ¿Vale?

—Vale— la niña de 4 años se marcha tan contenta, dudo que se vuelva a dormir, vuelvo a cerrar los ojos, me voy quedando dormido.

—¡Felicidades papá! ¡Tienes que abrir los regalos!

Abro dos ojos, los vuelvo a cerrar, no hace falta que compruebe que estoy en un sueño, cojo el móvil, miro si ha cambiado mucho la hora.

—Muchas gracias amor, que detalle ¿Te importa que abra los regalos cuando esté despierto?

—Ya estás despierto.

—También es verdad— me levanto de la cama, todos sabemos cómo puede terminar este diálogo, no voy a hacer esperar lo inevitable. La de 6 años me espera con una sonrisa mellada que no le entra en la cara. Me tambaleo hasta el salón donde está la de 4 años, no se ha dormido. La de 9 años ha salido a mí, sigue dormida, suerte que tiene ella.

—No te quejes que te he dejado dormir— va y me dice la de 6 años, os juro, que tenía la misma sensación que cuando me lo decía mi madre.


¿Dónde está el pañal?
—Vamos a dormir, coge el pañal, cepíllate los dientes y a la cama.

—No puedo papá.

—¿Por qué?

—Se me ha caído el pañal.

—¿Dónde?

—En la cama de mi hermana.

Me acerco a su cuarto. Miro en la cama de su hermana y no veo nada. La niña que me observa desde la puerta, por si tiene que salir corriendo, me dice:

—No, en la de la otra hermana.

Miro a la niña, miro la otra cama, una litera. Compruebo que la cama de arriba  sigue estando a un metro ochenta del suelo. Efectivamente está ahí el pañal.

—Cariño ¿Cómo se te ha caído tan alto el pañal?— Lógicamente, no había nadie en la puerta para contestarme.


La moda
Voy con la de 9 años a hacer la compra semanal. Este es un momento de paz y tranquilidad. Vamos por una avenida con el coche, mi hija señala unas zapatillas colgadas en un cable que cruza la calle.

—Papá ¿Por qué han colgado unas zapatillas ahí?

—Por una moda.

—Ah, claro, una moda de  T Ú  É P O C A.

No hija, no. Es una moda de  T Ú   É P O C A.

—Pues para ser así, es muy absurda. Pega más de la tuya.

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