Este ha sido un gran día del padre, los regalos han estado genial, y como siempre, mis hijas se han portado de maravilla. Lo digo de verdad, son maravillosas. En esta entrada hay un poco de las 3. Desgraciadamente, la de 9 años se me está haciendo mayor y ya no tiene esas salidas, pero de vez en cuando...
19 de marzo
—¡Felicidades papá! ¡Tienes
que abrir los regalos!
Abro un ojo, lo vuelvo a cerrar, compruebo que no estoy en
un sueño, cojo el móvil, miro la hora…
—Muchas gracias guapa,
que detalle, claro que voy a abrir los regalos, pero no a las 7 de la mañana
¿Qué tal si te metes en la cama y los abro cuando me despierte otra vez? ¿Vale?
—Vale— la niña de
4 años se marcha tan contenta, dudo que se vuelva a dormir, vuelvo a cerrar los
ojos, me voy quedando dormido.
—¡Felicidades papá!
¡Tienes que abrir los regalos!
Abro dos ojos, los vuelvo a cerrar, no hace falta que
compruebe que estoy en un sueño, cojo el móvil, miro si ha cambiado mucho la
hora.
—Muchas gracias amor,
que detalle ¿Te importa que abra los regalos cuando esté despierto?
—Ya estás despierto.
—También es verdad—
me levanto de la cama, todos sabemos cómo puede terminar este diálogo, no voy a
hacer esperar lo inevitable. La de 6 años me espera con una sonrisa mellada que
no le entra en la cara. Me tambaleo hasta el salón donde está la de 4 años, no
se ha dormido. La de 9 años ha salido a mí, sigue dormida, suerte que tiene
ella.
—No te quejes que te he
dejado dormir— va y me dice la de 6 años, os juro, que tenía la misma
sensación que cuando me lo decía mi madre.
¿Dónde está el pañal?
—Vamos a dormir, coge
el pañal, cepíllate los dientes y a la cama.
—No puedo papá.
—¿Por qué?
—Se me ha caído el
pañal.
—¿Dónde?
—En la cama de mi
hermana.
Me acerco a su cuarto. Miro en la cama de su hermana y no
veo nada. La niña que me observa desde la puerta, por si tiene que salir
corriendo, me dice:
—No, en la de la otra
hermana.
Miro a la niña, miro la otra cama, una litera. Compruebo que
la cama de arriba sigue estando a un
metro ochenta del suelo. Efectivamente está ahí el pañal.
—Cariño ¿Cómo se te ha
caído tan alto el pañal?— Lógicamente, no había nadie en la puerta para
contestarme.
La moda
Voy con la de 9 años a hacer la compra semanal. Este es un
momento de paz y tranquilidad. Vamos por una avenida con el coche, mi hija
señala unas zapatillas colgadas en un cable que cruza la calle.
—Papá ¿Por qué han
colgado unas zapatillas ahí?
—Por una moda.
—Ah, claro, una moda
de T Ú É P O C A.
—No hija, no. Es una
moda de T Ú É P O
C A.
No hay comentarios:
Publicar un comentario