—¿Os puedo leer unas adivinanzas?
—Claro hija, ahora
mismo quito esta canción que me encanta— antes de terminar la frase apago
la radio, un poco de paz social en el coche bien vale una canción que te pone
los pelos de punta.
Empieza a leer, la adivinanza es muy fácil, antes de que
termine de leer contesto. También contesta mi mujer, por lo que se ve ha sido
un empate. Miro a mi mujer, me devuelve la mirada, reto aceptado.
—¡Otra!— decimos
al unísono.
La mediana sonríe, no se esperaba esta respuesta por nuestra
parte. La mayor, se espabila un poco, esta medio sobada, medio dormida. La
pequeña deja de jugar a cortar papelitos y viendo que puede ser el centro de
atención dice:
—¡Os voy a cantar
cinco canciones!
Mi mujer y yo volvemos a mirarnos, ponemos los ojos en
blanco, ya sabemos cómo empiezan las canciones de la pequeña, nunca sabemos
cómo terminan, una canción puede durar 45 minutos.
—Vale hija, pero
mientras tú hermana que siga con las adivinanzas.
—A ver la siguiente—
dice la mediana mientras selecciona una de ellas de su libro.
—Os voy a cantar la
del caballo azul, empieza así ♪♫♪♫♪♫Un
caballito azulito que va por el campoooo♪♫♪♫♪♫. No esperar, que no era azul, pero sí iba
en el campo. Os la voy a cantar otra vez.
Mientras la pequeña “canta”, la mediana nos lee la siguiente
adivinanza. Vuelve a ser fácil y mi mujer y yo volvemos a empatar. Otro cruce
de miradas. Madre mía, no puedo perder.
—¡Siguiente!— Decimos
a la vez.
—♪♫♪♫♪♫El caballito verde se perdioooooooooo
en el bosque grandeeeeeee, se encontró una vaca azul♪♫♪♫♪♫ perdón,
no es azul era marrón. Vuelvo a empezar.
A la pobre nadie la escucha, estamos en medio del pique. La
grande se vuelve a dormir, no todos los días se ve un pique entre papá y mamá,
pero para ver el pique no le compensa escuchar las canciones de la pequeña.
La nueva adivinanza es más complicada, ni mi mujer ni yo
hemos contestado, nos lanzamos miradas de tanteo. En un momento dado nos
encojemos de hombros.
—¡Siguiente!— Miro a la mediana por el retrovisor, se ha
dado cuenta que tiene que leer bien, esto va en serio. Mi mujer, baja su quita
sol, mira por el espejito a la niña. Tensión al máximo.
—♪♫♪♫♪♫El pajarito amarillo se
posóóóóóó en la rama del perallllll♪♫♪♫♪♫— ni
idea de si es la misma canción del principio.
La mediana lee alto y claro. En esta adivinanza contesto un
pelín más rápido que mi mujer.
—¡¡¡He ganado!!!—
digo como un crío, no miro a mi mujer, tampoco es cuestión de tentar a la
suerte.
—¡Pero si hemos
contestado a la vez! ¿A qué si hija?— Dice mi mujer mirándome, sigo sin
tentar a la suerte. No cruzo las miradas.
Se hace el silencio, la mediana se oculta detrás del libro,
la mayor se duerme más, si eso es posible, y la pequeña, la pequeña sigue
cantando pero mirando por la ventana.
— ♪♫♪♫♪♫El cerdo
rosaaaaaaaaaaaaaaa, habla con el caballo verde y le dice….♪♫♪♫♪♫
—Pero si he ganado yo,
está muy claro— digo con cierta indignación. Sinceramente, he contestado
antes.
—Te equivocas, y lo
sabes— miro a mi mujer, sus ojos claros me fulminan con la mirada. Mejor
miro a la carretera…
—No pasa nada, en casa
esto se soluciona. Juego con papá a peleas, si el me gana, gana él, si gano yo,
gana mamá— la mediana no da puntada sin hilo.
—Sí claro, a mí no me
parece justo— dice mi mujer.
—Pues me parece muy
correcto— esto lo digo sin mirar a mi mujer, tengo una sonrisa que no me
entra en la cara.
Al rato llegamos a casa. Estoy entre agotado y muerto en
vida, mientras se ponen los pijamas me tumbo un rato en la cama, por eso de
estirar las piernas. Unos segundos después
aparece la mediana, se tira encima de mí al grito “¡¡¡PELEAAAAA!!!” es imposible hacerla entrar en razones y por eso
la hago llave “inmovilizadora” la dejo atrapada las piernas y brazos con mis
piernas, esto me permite estar tumbado “tranquilo” un minuto más o menos,
cuando se consigue liberar volvemos empezar con el forcejeo. En un momento dado
le digo:
—Cariño, vamos a
dejarlo, estoy agotado.
—¿Eso significa que he
ganado?
—Claro que sí— nunca
me he dejado ganar una pelea, pero hoy estoy muy cansado.
Se va corriendo a la cocina, allí está mi mujer (no os asustéis,
está fumando, al llegar a casa descansamos todos).
—¡Mamá que has ganado!
Que he ganado a papá en las peleas— acabo de caer, madre mía que error he
cometido, por una vez que la dejo ganar.
Oigo como mi mujer viene hacia el cuarto, creo que es la
primera vez en años de casados que deja el cigarro a la mitad, se asoma por la
puerta del cuarto, no dice nada, pero me mira con una sonrisa que no le entra
en su preciosa cara, detrás suya está la mediana, con otra sonrisa que no le
entra en la cara. En medio de ellas dos aparece la pequeña, lleva el iPad en la
mano, se dirige a su cuarto:
—♪♫♪♫♪♫El burro morado le dice al
cocodrilo, holaaaaaaaaaa♪♫♪♫♪♫

No hay comentarios:
Publicar un comentario