martes, 16 de junio de 2015

Duelo en el coche...


—¿Os puedo leer unas adivinanzas?

—Claro hija, ahora mismo quito esta canción que me encanta— antes de terminar la frase apago la radio, un poco de paz social en el coche bien vale una canción que te pone los pelos de punta.

Empieza a leer, la adivinanza es muy fácil, antes de que termine de leer contesto. También contesta mi mujer, por lo que se ve ha sido un empate. Miro a mi mujer, me devuelve la mirada, reto aceptado.

—¡Otra!— decimos al unísono.

La mediana sonríe, no se esperaba esta respuesta por nuestra parte. La mayor, se espabila un poco, esta medio sobada, medio dormida. La pequeña deja de jugar a cortar papelitos y viendo que puede ser el centro de atención dice:

—¡Os voy a cantar cinco canciones!

Mi mujer y yo volvemos a mirarnos, ponemos los ojos en blanco, ya sabemos cómo empiezan las canciones de la pequeña, nunca sabemos cómo terminan, una canción puede durar 45 minutos.

—Vale hija, pero mientras tú hermana que siga con las adivinanzas.

—A ver la siguiente— dice la mediana mientras selecciona una de ellas de su libro.

—Os voy a cantar la del caballo azul, empieza así ♪♫♪♫♪♫Un caballito azulito que va por el campoooo♪♫♪♫♪♫. No esperar, que no era azul, pero sí iba en el campo. Os la voy a cantar otra vez.

Mientras la pequeña “canta”, la mediana nos lee la siguiente adivinanza. Vuelve a ser fácil y mi mujer y yo volvemos a empatar. Otro cruce de miradas. Madre mía, no puedo perder.

—¡Siguiente!— Decimos a la vez.
♪♫♪♫♪♫El caballito verde se perdioooooooooo en el bosque grandeeeeeee, se encontró una vaca azul♪♫♪♫♪♫ perdón, no es azul era marrón. Vuelvo a empezar.

A la pobre nadie la escucha, estamos en medio del pique. La grande se vuelve a dormir, no todos los días se ve un pique entre papá y mamá, pero para ver el pique no le compensa escuchar las canciones de la pequeña.

La nueva adivinanza es más complicada, ni mi mujer ni yo hemos contestado, nos lanzamos miradas de tanteo. En un momento dado nos encojemos de hombros.

—¡Siguiente!— Miro a la mediana por el retrovisor, se ha dado cuenta que tiene que leer bien, esto va en serio. Mi mujer, baja su quita sol, mira por el espejito a la niña. Tensión al máximo.

♪♫♪♫♪♫El pajarito amarillo se posóóóóóó en la rama del perallllll♪♫♪♫♪♫— ni idea de si es la misma canción del principio.

La mediana lee alto y claro. En esta adivinanza contesto un pelín más rápido que mi mujer.

—¡¡¡He ganado!!!— digo como un crío, no miro a mi mujer, tampoco es cuestión de tentar a la suerte.

—¡Pero si hemos contestado a la vez! ¿A qué si hija?— Dice mi mujer mirándome, sigo sin tentar a la suerte. No cruzo las miradas.

Se hace el silencio, la mediana se oculta detrás del libro, la mayor se duerme más, si eso es posible, y la pequeña, la pequeña sigue cantando pero mirando por la ventana.

♪♫♪♫♪♫El cerdo rosaaaaaaaaaaaaaaa, habla con el caballo verde y le dice….♪♫♪♫♪♫

—Pero si he ganado yo, está muy claro— digo con cierta indignación. Sinceramente, he contestado antes.

—Te equivocas, y lo sabes— miro a mi mujer, sus ojos claros me fulminan con la mirada. Mejor miro a la carretera…

—No pasa nada, en casa esto se soluciona. Juego con papá a peleas, si el me gana, gana él, si gano yo, gana mamá— la mediana no da puntada sin hilo.

Sí claro, a mí no me parece justo— dice mi mujer.

—Pues me parece muy correcto— esto lo digo sin mirar a mi mujer, tengo una sonrisa que no me entra en la cara.

Al rato llegamos a casa. Estoy entre agotado y muerto en vida, mientras se ponen los pijamas me tumbo un rato en la cama, por eso de estirar las piernas.  Unos segundos después aparece la mediana, se tira encima de mí al grito “¡¡¡PELEAAAAA!!!” es imposible hacerla entrar en razones y por eso la hago llave “inmovilizadora” la dejo atrapada las piernas y brazos con mis piernas, esto me permite estar tumbado “tranquilo” un minuto más o menos, cuando se consigue liberar volvemos empezar con el forcejeo. En un momento dado le digo:

—Cariño, vamos a dejarlo, estoy agotado.

—¿Eso significa que he ganado?

—Claro que sí— nunca me he dejado ganar una pelea, pero hoy estoy muy cansado.

Se va corriendo a la cocina, allí está mi mujer (no os asustéis, está fumando, al llegar a casa descansamos todos).

—¡Mamá que has ganado! Que he ganado a papá en las peleas— acabo de caer, madre mía que error he cometido, por una vez que la dejo ganar.

Oigo como mi mujer viene hacia el cuarto, creo que es la primera vez en años de casados que deja el cigarro a la mitad, se asoma por la puerta del cuarto, no dice nada, pero me mira con una sonrisa que no le entra en su preciosa cara, detrás suya está la mediana, con otra sonrisa que no le entra en la cara. En medio de ellas dos aparece la pequeña, lleva el iPad en la mano, se dirige a su cuarto:


♪♫♪♫♪♫El burro morado le dice al cocodrilo, holaaaaaaaaaa♪♫♪♫♪♫

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