lunes, 5 de enero de 2015

La última palabra

Ya van practicando mis hijas para decir siempre la última palabra. Algunas veces es verdad, ya que me dejan tan alucinado que no sé que responder.

Frente al espejo
Estoy desenredando el pelo a la de 6 años, estamos frente al espejo. Paro un momento, la miro desde el espejo y cometo la locura de preguntarle:

—¿Soy bueno?
—No.
—¿Y eso? ¿Te trato mal?— sinceramente no me esperaba esa respuesta.
—No, que va. Pero nos has regañado y nos has quitado la consola, el Ipad y la televisión.
—Ya, pero gracias al castigo, habéis jugado más entre vosotras, habéis jugado conmigo ¿A que no ha estado mal?
—Es verdad, eres bueno. Pero las coletas las haces fatal.

¡Salimos! Pero con condiciones...
—Chicas esta noche os quedáis con el tío para cenar.
¡BIEN!- La de 4 y la de 9.
¿Y vosotros dos os vais a cenar fuera? -dice la de 6.
Eh, sí- soy el adulto, no tendría que titubear pero miedo me da.

¡Pero nada de besos!


¡Te parecerá bonito!
Estoy cambiando a la pequeña y le digo a la 6:

— Anda cariño, acércame las zapatillas de tu hermana, están en el salón.

Ella me mira a los ojos, con la misma mirada con la que un gato observa a un ratoncillo, no se mueve, yo tampoco, para eso soy su padre, sostenemos la mirada un rato. Por ahí aparece mi mujer, ve el duelo de miradas que se está llevando a cabo, encoje los hombros y al momento me da las zapatillas.
Vuelvo a mirar a la mediana y antes de que me de tiempo a abrir la boca me suelta:

— Te parecerá bonito hacer ir a mamá a por las zapatillas de la pequeña.

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