Por fin es viernes, voy a por las niñas y después recojo a
mi mujer, se está tomando algo con sus compañeras de trabajo. Hace una tarde
estupenda, sol y un poco de brisa, lo ideal para tomarse una cerveza mientras
las niñas juegan.
—¡Hola papá! ¿Cómo qué
hoy nos recoges tú?
—Hola cariño, mamá se
está tomando algo con sus compañeras, ahora vamos a verla. Pero antes os voy a
comprar algo.
—¿Te vas a gastar
dinero en algo no importante?
Me quedo mirando a la de 7 años, no sé cómo tomarme el comentario.
—Hija, no podemos
comprar bollos o chuches todos los días, pero de vez en cuando sí.
—¡Gracias!
Después de comprar nos vamos al encuentro de mi mujer, está
con 3 compañeras, todas trabajan en el colegio donde estudian mis hijas, me
pido un botellín y me siento, intentando no llamar mucho la atención. En un
momento dado una de las compañeras de mi mujer, que es la profe de la 4 años,
me dice:
—Me ha dicho algo la
niña…— Madre mía, es escuchar esta frase y me pongo a temblar— algo de que pegas a las hermanas — la
miro ojiplático perdido se le nota que no se lo toma en serio, eso no quita que
uno no se ponga en guardia, no tengo ni la menor idea de lo que me habla, pero
por si las moscas localizo la puerta, por si hay que salir corriendo.
—No tengo ni idea de a
lo que se refiere, de verdad…— Mi mujer y una compañera se ríen, yo creo
que de mi cara.
—Ya veo que no te lees
el blog, se refiere la niña a que juega con sus hijas a peleas— la que
habla es una compañera de mi mujer, la miro aliviado. Para algo sirve este
blog, como coartada.
—Ah, ya me parecía a
mí— dice la profe.
—Papá, tú no te lees
el blog del tío, así nadie va a leer tu blog, tienes que dar el ejemplo con el
tío— que raro, ya tardaba la de 7 años en aparecer, pero tiene razón. Por
cierto el canal de mi hermano es https://www.youtube.com/channel/UCT93ZuYExNZSNldG6P5wNrg.
:P
La miro, veo que tiene el pelo que parece que la ha atacado
un oso pardo y me pongo a hacerle de nuevo las trenzas. No me pongo a soñar con
barcos ni leches, en menos de 2 minutos ya he tenido un par de sobresaltos,
como para tener la cabeza en otro sitio.
—¿Tú eres el que le
hace las trenzas a la niña?— Pregunta la profe de la de 4 años.
—Sí— mi confianza “trenzil”
está por los suelos, ya me imagino un “se
nota” en breve.
—Pues felicidades, le
duran todo el día, y no es cosa fácil— “oh yeah”, ya ha merecido la pena el
botellín.
—¿Y sabes hacer las
trenzas de raíz?— Pregunta otra profe.
—Ni idea, pero este
fin de semana aprendo. Miraré en Youtube— madre mía, ese era un momento en
los que el cerebro tiene que mandar en la lengua.
Después de terminar los botellines nos vamos para casa. Mientras
conduzco no dejo de pensar en mis trenzas casi indestructibles, estoy deseando
ver un tutorial sobre trenzas de raíz…
Al llegar a casa y después de las cenas y de rescatar e iPad
de las manos de las niñas consigo ver el primer tutorial. El canal se llama “Secretos
de chicas” —¡Joder, pero qué estoy
haciendo con mi vida!— No pasa nada, aplaco mis recelos de “macho alfa” y
le doy al play. Aparece una chica muy
muy mona, con unos ojos azules muy bonitos que me dice que eso de las trenzas
de raíz es “super fácil”, y lo peor es que me lo creo. La tía se pone a
explicar lo de las trenzas con su propio pelo, la teoría la tengo clara, pero
ese movimiento de dedos no lo veo…
Las coletas las dejo por hoy, ahora me pongo con los amigos
a darle al Batlefield 4, uno tiene
que ejercer de “macho alfa” aunque sea desde la Play 3.
Al día siguiente, después de que me despierten, veo una
figura borrosa con lunares que corre por el pasillo, voy tras ella con un
cepillo en una mano y una spray de agua en la otra, la engancho, resulta ser una
flamenca de 4 años, me suena de alguna siesta, la secuestro al grito:
—¡Tú te vienes
conmigo! Que voy a practicar peinados.
—¡Pero si no he hecho
nada malo!
Como veo que no va a ir bien la cosa, la convenzo de que no
es nada malo y la dejo sentada viendo la tele. Si la peino distraída tendré
menos resistencia. Iluso.
Estoy tranquilo, me he visto varios tutoriales y en todos
parece fácil. La empiezo a rociar con el agua, se me va la mano y tengo que ir
corriendo a por toallas, la primera en la frente, no soy capaz de sacar un mechón
de pelo decente. Cuando consigo sacar algo similar a un mechón, al meter el
pelo de los laterales en la trenza central me hago un lío con los dedos, todo
se convierte en un batiburrillo de dedos, de pelos y de quejas de la niña porque
la hago daño. Curiosamente, las dos mayores han desaparecido y están
absolutamente calladas. Me las imagino escondidas en algún rincón, evitando ser
las siguientes.
Después de 20 minutos, lo doy por imposible. Me pongo a deshacer
todos los nudos y a convencer a la niña que no es un castigo y que no ha hecho
nada malo. El pelo no hay que secarlo, el ambiente está tan caldeado que se ha secado.
He aprovechado que mi mujer estaba en la peluquería, si me llega a ver, me
acusa de maltratador infantil.
Cuando consigo encontrar a las dos mayores les digo:
—Ahora os toca peinaros a vosotras.
—Vale papá, pero a mí lo de siempre, trenzas sencillas, sencillas.
Cuando consigo encontrar a las dos mayores les digo:
—Ahora os toca peinaros a vosotras.
—Vale papá, pero a mí lo de siempre, trenzas sencillas, sencillas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario