—¿Qué tienes 3 hijas?
¡Qué bueno! Ya verás lo bien que te cuidan cuando llegues a mayor. Además
cuando tengan pareja, siempre “barren para casa”— esta frase que escucho
una vez por semana, tiene las siguientes debilidades:
1ª Tengo que asumir que hasta que
no sea mayor, o no me van a cuidar o directamente me van a torturar ¿No?
2ª Para que esa “máxima” se
cumpla, antes tengo que llegar a mayor, que a este paso no lo consigo, fijo que me explota la vejiga
antes, esperando a que se abra la puerta del baño, como si lo viera.
3ª Vale, que mis hijas tengan
pareja ya me repatea los “higadillos”, asumo que es ley de vida, como hacer la
Renta, no mola, pero tendré que pasar por ahí. Ya tendría gracia que barran para
casa. Por ahora me conformo con que barran en casa.
Pero tranquilos, que si llego a mayor será después de
visitar a un psicólogo. Que últimamente me están haciendo otra vez la guerra
psicológica, las batallas del coche son especialidad de la mediana:
—Papá ¿Estás seguro qué sabes llegar? Siempre te pierdes, además no
preguntas.
—Oye guapa, que a este colegio os llevo todos los días. Desde hace 7
AÑOS.
—Seguro que pones el GPS. Así cualquiera. El otro día te perdiste.
—Oye que era un desvío por una obra en la calzada.
—Excusas— en este momento, me giro y la fulmino con la mirada. Ella
sonríe, la mayor sonríe, la pequeña cantando. Miro a mi mujer esperando su
mirada de apoyo. Está mirando por su ventana, pero en el reflejo del cristal
veo la misma sonrisa que la que tiene la mediana.
En cambio, la especialidad de la mayor es cuestionar mis
escasas habilidades:
—Papá ¿Puedes hacerme una trenza? No pasa nada cuando me la hagas mal,
es para dormir. No se va a notar y nadie la va a ver.
—¿Te hago mal las trenzas? Primera noticia que tengo.
—Si prefieres, se lo pido a mamá— el tono de voz ya os lo podéis
imaginar…
La pequeña, como es más pequeña, se conforma con humillar mi
físico esférico:
—Gracias papá, como sabes que me gusta Pepa Pig te has puesto gordo para
parecerte a Papá Pig.
Lo de la tripa ya llega a la provocación física. Cada vez
que hablan conmigo me tocan la tripa, muchas veces sin darse cuenta, como si yo
fuese una embarazada y ahí dentro estuviese su futuro hermanito. Con mi suerte,
seguro que sería otra niña…
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