lunes, 6 de julio de 2015

Me da que mi hija lee el blog

A mí me da que la mediana lee el blog, eso, o tiene muy mala leche. Lo del cuarto de baño, últimamente, es para ir a la comisaría y poner una denuncia.

El sábado pasado, después de gestionar los desayunos, aprovecho que están desayunado y voy al servicio, sé que van a estar por lo menos unos minutos entretenidas con la leche y las galletas, por lo menos las pequeñas, que la mayor sigue durmiendo.

Me meto en el cuartito, un minuto después (no exagero) está la mediana golpeando la puerta:

—¡Papá que no me aguanto!

—No te creo, no es normal hija. Que no me dejáis ni sentarme…

—¡Qué sí!

Me da igual, me hago el sordo y sigo con lo mío, tiene que aprender. A ver si voy a ser el único que se aguanta. 30 segundos después vuelven a golpear la puerta.

—¡Te he dicho que te esperes!

—Si soy la otra. Me estoy haciendo pis. No me aguanto más.

Me hago el sordo, tienen que aprender. 15 segundos después, dos niñas pequeñas se ponen a golpear la puerta.

—¡¡¡No nos aguantamos!!!

Lo dicho, tienen que aprender. Me doy prisa y me dispongo a salir. Ya saben perfectamente quien manda en el cuarto de baño. Ellas.

Abro la puerta y me encuentro a las dos pequeñas, con los pantalones en los tobillos empujándose para ver quién entra primero. Yo paso a su lado, no digo nada, que aprendan a gestionar un único cuarto de baño.

Ya por la tarde, aprovechando que todo el mundo está viendo la televisión, hago una escapadita al mismo sitio. Esta vez, a ver si puedo estar en paz y tranquilidad. Antes de entrar, compruebo que la mayor está echándose la siesta y que el resto está entretenidas con la tele.

Entro en el cuartito, no me llego a sentar y ya están golpeando la puerta. Abro la puerta, asomo la cabeza y no digo nada. Es la mediana, me sonríe, yo no la sonrío. Cierro la puerta, estoy harto. Vuelve a golpear la puerta, yo paso. Sigue golpeándola.

—¡¡¡Vale, ya salgo!!!

Salgo como un Miura en San Fermín nada más abrir los toriles. Espero encontrarme a la mediana en el pasillo, pero ahí no hay nadie. Miro a ambos lados del pasillo, pero nada. Entro al salón. Ahí está sentada tan campante. Como si llevase todo el rato sentada.

—¿Pero tú no tenías muchas ganas?

—Qué va, era para que te dieses prisa y no perdieses el tiempo.

La miro, me devuelve la mirada con esa sonrisa inocente que no se cree ni ella. No digo nada. Me doy la vuelta y me voy a la cama. Cierro la puerta, me tumbo en la cama, me tapo la cabeza con la almohada y grito con total paz…


—¡¡¡Y aún me queda toda la adolescencia!!!

1 comentario:

  1. Eso te pasa por procrear tanto! Yo espero tener menos problemas con sólo una..

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