lunes, 4 de mayo de 2015

Saludo japonés

Estamos en el coche, lo tranquilo que se puede estar en un coche donde hay más niños que adultos. En un momento dado escucho un “arggg zuass” (sonido de escupitajo), no puedo evitar girarme para saber qué demonios ha pasado. Veo a la de 7 años restregándose la mano en el jersey, la de 9 años, apartándose lo más posible de la de 7 ¿Y la de 5? Pues a lo suyo, contándonos a todos un chiste, lleva más de 15 minutos con el chiste, y eso que es de los cortos…

—¿Pero qué leches haces?— Vuelvo a mirar al frente.

—Nada— inevitablemente me vuelvo a girar, tengo que ver con qué cara me lo está diciendo.

—¿Pero cómo qué nada? Pero si he escuchado el escupitajo, he visto cómo te limpiabas en el jersey ¡¡¡Pero si estoy viendo como se está destiñendo el jersey y todo!!!— vuelvo a mirar al frente, me cambio al carril de la derecha, me da que me voy a estar girando un rato.

—Pues iba a saludar a mi hermana— me vuelvo a girar, estoy a dos vaciles más de meterla en el maletero.

—¡¿Saludar?! ¡Qué no estamos en una tasca!

—¿Qué es una tasca?

—¡¡¡No me cambies de conversación!!!

—Papá, es un saludo japonés, así se saludan en Japón. ¿Qué es una tasca?

—¡¡¡Pero qué me estás contando!!!— juraría que mis gritos se están escuchando fuera del coche, los otros conductores nos están mirando.

—Me lo han dicho en el colegio, y yo hago lo que aprendo en el colegio.

—Pues cuando lleguemos a casa te voy a enseñar lo que es un “capón español”.

—Pues entonces dice el italiano al francés, ¿O era de otro país? No sé, pero…— la pequeña a su bola.

Pasan 10 minutos, a mí se me va pasando el mosqueo, no escucho a la de 7, la de 5 aún no ha terminado el chiste, no me giro por no ver el jersey desteñido. En estos casos la de 7 sabe que me tiene que dejar tranquilo un rato, por eso se pone a hablar con su hermana mayor.

—¿Esta no se calla?— dice señalando a la pequeña.

—Que va, si ya está mezclando chistes y todo— la mayor lleva un rato intentando dormirse, entre la bronca y el chiste corto de 35 minutos, la pobre no lo consigue.

—Pues otro día en el colegio, una profe me preguntó que si la vendía a la pequeña por 1000€, yo la dije que no—no puedo evitar mirar por el retrovisor, pedazo de respuesta bonita, no esto se me olvida lo del saludo japonés— pero la dije, que por todo el dinero del mundo sí que se la vendía, que si estaba interesada.

Ya me parecía a mí.

No hay comentarios:

Publicar un comentario