lunes, 25 de mayo de 2015

Yo sólo quería leer un rato

Todo tranquilo, las niñas en el salón jugando tranquilamente, yo en la cocina solo, leyendo mientras como pipas, en eso que se acerca la mediana, se pone a mi lado en silencio, me observa durante un rato, un rato corto:

—¿Qué haces?— Me pregunta la niña.

—Ya lo ves, descansando un rato— le digo señalando las pipas y el libro.

Se queda un rato mirándome, observa la cocina, yo sinceramente la miro intrigado y preocupado, fijo que terminamos mal.

—Pues a mí me da que tú te has cortado un poco de fuet.

Me quedo mirándola, ella no desvía la mirada ¿Qué hago? ¿Me pongo a jurar y a perjurar que no he cortado fuet?

—Sí hija, me has pillado ahora vete a jugar al salón.

Se marcha, me quedo un rato mirando por la ventana de la cocina, reflexionando sobre la corta existencia de 3 barras de fuet en una casa de familia numerosa. Al final llego a la conclusión, que si lo llego a saber, me corto un poco, así no la habría mentido.

Ya por la noche, después de cenar, toca la lucha de meter a la tribu en la cama.
—Niñas, cepillarse los dientes y a dormir.

La mediana se me vuelve a acercar, se apoya en la mesa en la que estoy y me mira con los brazos cruzados y apoyados en la mesa.

—¿Qué haces?— Le pregunto mientras mi sentido paterno me indica que me no me voy a aburrir.

—Ya lo ves, descansando un rato— me dice mientras señala la mesa. Mira que me suena esta situación…

—Anda vete a cepillarte los dientes, que si no se te van a caer.


La niña clava sus ojos marrones en mí, empieza a sonreír poco a poco, sus labios parecen el telón de un teatro, termina de despegar los labios y me enseña su desdentada mandíbula. Ahí está el hueco que han dejado los incisivos, verla comer sopa es todo un espectáculo, verla silbar ya es la leche. Se encoje de hombros, no dice nada, no hace falta. Hay que reconocer que la niña tiene toda la razón.

No hay comentarios:

Publicar un comentario